Una mirada particular sobre la naturaleza, sus espacios,
ecosistemas, historia, imágenes y sensaciones.
Lugares reales que intuyen universos paralelos, listos para ser descubiertos
Prados del Hervidero, la antesala de la alta montaña, el inicio de los caminos hacia las cumbres, tras una densa nevada.
El objetivo es el cielo, alcanzar el punto más próximo a las
estrellas y caminar a través de sendas donde solo importa la comunión de los sentidos con el
medio del que procedes. La quebrada línea que desde el valle de Granada dibuja la silueta de las
altas cumbres es el eterno imán que irremediablemente atrae y atrapa el espíritu de quienes,
desde los albores de la historia, poseen la pasión por el conocimiento, la inquietud para
entender la dinámica de la existencia y, tras despojarse de convencionalismos y ataduras
ideológicas, adentrarse en las raíces, en la simbiosis con la tierra, sus elementos, paisajes y
pobladores. Es el efecto que ejerce la gran montaña nevadense sobre quienes deciden dejarse
envolver por su belleza y sumergirse en sus misterios.
Las rutas blancas que cada invierno caminan hacia el interior de las sierras y ascienden a las
cumbres de Iberia guardan trazos de la historia, de la magia de tiempos en los que el hombre
miraba al sol como el guardián de la existencia, otros en los que la alta montaña era la puerta
de un universo desconocido y tenebroso, y épocas para el descubrimiento de las ciencias de la
vida. Son los caminos surcados por quienes a las órdenes de Plinio el viejo, en un seguimiento
estricto de aves y bestias, quisieron abrir pasos hacia el este hasta encontrar la muerte entre
ventiscas; el objeto de la mirada de Abd Allah Buuggin, último rey zirí de Granada, que en sus
memorias del año 1090 añora ascender al monte Sulayr; los senderos que recorrería el sencillo
séquito que en 1485 llevó el cuerpo sin vida de Muley Hacen a su tumba aún por descubrir. Son
los caminos nevados que recorrió el filósofo, escritor, geógrafo, teólogo y hombre de mil y una
artes, Antonio Ponz, y plasmados en la primera ascensión conocida a las cumbres de la sierra en
1754.
Son sendas que atraen a quienes buscan sentido a la existencia a través del conocimiento,
científicos que en los albores del XIX, como Simón de Rojas Clemente, con su Historia Natural,
mostró al mundo las singularidades de la montaña que se levantó sobre Alborán, relatos de
ciencia y leyenda que atraparon a los padres de la zoología y botánica contemporánea,
naturalistas que dieron su nombre a una gran parte de las especies de flora y fauna de Sierra
Nevada y Europa, Wilkomm y Boissier, enamorados de los intrincados trazados de los senderos que
desde La Zubia, Ogíjares y Monachíl se internan en las cumbres, en los arenales blancos que caen
desde la cumbre del Trevenque convertidos en un paraíso botánico, una isla emergida de míticos
mares.
Rutas vestidas de blanco para conocer la montaña que se llamó del Sol y el Aire, la sierra de la
Nieve, y la Helada, caminos sencillos para acceder al olimpo del sur.
Un foto libro para mostrar imágenes
especiales, parajes que desvelan universos por descubrir. Fotografía de naturaleza, paisajes
comentados desde una mirada poética, periodística y científica. Espacios para la contemplación
de la naturaleza en invierno. Este libro describe espacios naturales a través de una
imagen especial. Una fotografía tomada desde un punto concreto, en una época determinada: el
final del año, y con circunstancias meteorológicas y de iluminación elegidas para la ocasión.
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Son los prados del Hervidero, en el ascenso desde el valle de Granada hacia las cumbres de la baja montaña.