Una mirada particular sobre la naturaleza, sus espacios,
ecosistemas, historia, imágenes y sensaciones.
Lugares reales que intuyen universos paralelos, listos para ser descubiertos

Cada mañana la escarcha se convierte en agua que da de beber a las
plantas de un bosque que desde la umbría intenta ascender en busca de los rayos de sol del
invierno, en gotas que en forma de lágrimas caen desde las ramas de los álamos, sauces y fresnos
cubiertos de hiedras que ofrecen sus racimos de frutos morados.
En la ladera del Cerro del Sol, a orillas del Darro, frente al paisaje de Valparaíso convertido
en el ‘Monte Sacro’ y coronado siempre por la antigua muralla nazarí y la misteriosa
abadía de los libros plúmbeos, sobrevive un denso bosque de ribera que desafía al tiempo y
parece haber suscrito un pacto de mutuo entendimiento, o quizás de olvido, con una ciudad
demasiado próxima.
Por el camino de los aguadores, en el sendero del Avellano, más allá de la fuente donde Ganivet
y sus visionarios analizaban la evolución de un mundo que no lograba llenar sus deseos de
libertad y amor, surge una pequeña senda que se interna en un territorio de sueños que el
invierno tapiza de hojas bordeadas de una fina corona de hielo.
Es la puerta de un espacio donde la naturaleza muestra sus particulares adornos de Navidad, en
la que los frutos rojos de la nueza negra cuelgan de las hojas verdes, en forma de flecha, que
trepan sobre los viejos troncos en los que se aferra el agua y da vida a mil y unas formas de
hongos, minúsculos bosquecillos de Schizophyllum, adornados por finas hebras de Caloceras, que
como pequeñísimas llamas amarillas, surgen de las grietas de las maderas muertas. Y en la
ladera, donde la escarcha blanquea los prados, las semillas de clemátidas, de los jazmines de
monte, forman estrellas de algodón que adornan los claros de un sendero bordeado de
retamas.
Más allá del Avellano, donde los árboles se abrazan y forman arcos bajo los que ya caminaron los
acequieros del sultán, y aquellos que deseaban saciar su sed con el agua que surgía de las
fuentes Agrilla y de la Salud, los pasos se impregnan de gotas de rocío en forma de lágrimas.
Un foto libro para mostrar imágenes
especiales, parajes que desvelan universos por descubrir. Fotografía de naturaleza, paisajes
comentados desde una mirada poética, periodística y científica. Espacios para la contemplación
de la naturaleza en invierno. Este libro describe espacios naturales a través de una
imagen especial. Una fotografía tomada desde un punto concreto, en una época determinada: el
final del año, y con circunstancias meteorológicas y de iluminación elegidas para la ocasión.
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Por el Camino del Avellano, una vez que se llega a la fuente, se inicia una pequeña vereda, que continúa paralela al Darro. A pocos metros se adentra en un bellísimo bosque de ribera.