Una mirada particular sobre la naturaleza, sus espacios,
ecosistemas, historia, imágenes y sensaciones.
Lugares reales que intuyen universos paralelos, listos para ser descubiertos
En los prados de la Dehesa del Camarate, las flores de azafrán serrano tapizan las laderas a la espera de las nieves...
Aparecen cuando la tierra está cansada de los ardores del verano,
cuando las plantas terminaron sus ciclos polinizadores y se dejaron morir para invernar y
esperar un nuevo ciclo, y sobre todo cuando los prados están yermos y necesitan de las lluvias
del otoño para empapar las semillas latentes bajo las hojas secas y darles los nutrientes
necesarios para aguantar los rigores del invierno. Son pequeñas flores de color blanco y morado,
que nacen de forma tímida para puntear de color la imagen de los prados secos de la media y alta
montaña, y en pocos días, con el rocío y la caída de temperaturas, la timidez se convierte en
una verdadera explosión que inunda los pastizales agostados.
Ocurre en las laderas que desde la cara norte de Sierra Nevada caen hacia los desiertos del
noreste de la provincia de Granada, y aportan un grado más de belleza a los paisajes ocres y
cobrizos de los bosques caducifolios, repletos de arces y robles, del Camarate y los barrancos
de Lugros, donde los pastos tradicionales de vacas y reses bravas se tapizan con las últimas
flores del año. Es la floración del azafrán serrano, de pétalos morados que encierran estambres
de amarillo rojizo, Crocus serotinus, pariente cercano de la especie que cultivada (C. sativus)
produce las llamadas hebras de oro rojo. En las montañas nevandenses, este humilde azafrán
silvestre, es la señal indiscutible de la llegada de tiempos fríos en los que el ganado busca
alimento con el que paliar la escasez de los herbazales tras el verano y el avance del otoño.
Son efímeras y delicadas, pero saben aprovechar suelos fértiles y un tiempo en el que pueden
ofrecer, sin competencia alguna, su polen a los insectos y asegurarse la reproducción.
Son flores pequeñas que desafían las inclemencias del tiempo y que parecen tener a gala crecer
cuando sus congéneres se marchitaron o aún no han vuelto a germinar, porque los crocus, no solo
tapizan los prados como la última flor del año, sino que algunas de las especies de este género,
como la que lleva el nombre de Sierra Nevada, Crocus nevadensis, son las primeras en nacer
cuando la nieve comienza su retirada. Flores moradas y corazón dorado para saludar el
invierno.
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especiales, parajes que desvelan universos por descubrir. Fotografía de naturaleza, paisajes
comentados desde una mirada poética, periodística y científica. Espacios para la contemplación
de la naturaleza en invierno. Este libro describe espacios naturales a través de una
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final del año, y con circunstancias meteorológicas y de iluminación elegidas para la ocasión.
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Son los prados situados en la Dehesa dek Camarate, en Lugros (Granada) en las laderas norte de Sierra Nevada.