Una mirada particular sobre la naturaleza, sus espacios,
ecosistemas, historia, imágenes y sensaciones.
Lugares reales que intuyen universos paralelos, listos para ser descubiertos
La Fuente de la Teja, en la carretera entre Albuñol y Sorvilán, Granada, un gran ciprés recuerda tiempos de Navidad.
Al atardecer, entre los almendros, se oye un insistente tañido de
cencerros. El sonido se acerca mientras sobre una loma se recorta la silueta de un macho cabrío,
al que siguen varias decenas de cabras domésticas . Bajan entre barrancos y vaguadas para dejar
atrás las laderas de las altas sierras y pasar el invierno en la tibieza de las tierras situadas
junto al mar. Es uno de los rebaños que cada año recorren los ancestrales caminos que comunican
las ramblas de la Contraviesa con los pastos situados en la Alpujarra y las estribaciones de
Sierra Nevada. Cuando el frío cubre de blanco los amaneceres, es el momento de volver al calor
de los apriscos. Los pastores de la antigua Taha del Gran Çehel, recorren las vías pecuarias que
les dirigen a través de los cortijos situados en los grandes cerros llamados Gordo y del Gato.
Tradicionalmente subían cuando el calor aprieta en las cercanías de la costa y bajan cuando
llegan las nieves, y en cada caso un lugar es paso y parada: la Fuente de la Teja, en la umbría
de la Parrilla, que al inicio del verano es el punto de partida, y al llegar la Navidad es la
vuelta, la señal de que están a las puertas del hogar que dejaron seis meses atrás.
Pastores y arrieros saben que el agua de la Teja es agria, lo que delata su contacto con rocas
metamórficas cargadas de mineral de hierro, los grandes bloques originales de las tierras que se
levantaron desde el mar. Es el lugar donde llenar los odres y descansar. Es la vieja costumbre
de quienes a mediados del siglo XX se veían obligados a transitar la sinuosa y vieja vía que
desde Albuñol asciende hacia el Haza del Lino, -por Sorvilán y Polopos para llegar a Órgiva y
desde allí a Granada- paraban a beber y coger agua para el camino, para ellos y sus viejos
coches, porque la Fuente de la Teja, al borde de la actual carretera, a solo 4 kilómetros de
Albuñol, ha sido referencia de quienes emprendían viajes en busca de otro futuro, y de
quienes volvían tras largas ausencias.
En el atardecer de quienes con sus rebaños han recorrido las coladas de Alfornón y del Maurel,
los grandes cipreses que crecen junto al manantial, parecen iluminarse y se convierten en su
particular árbol de Navidad.
Un foto libro para mostrar imágenes
especiales, parajes que desvelan universos por descubrir. Fotografía de naturaleza, paisajes
comentados desde una mirada poética, periodística y científica. Espacios para la contemplación
de la naturaleza en invierno. Este libro describe espacios naturales a través de una
imagen especial. Una fotografía tomada desde un punto concreto, en una época determinada: el
final del año, y con circunstancias meteorológicas y de iluminación elegidas para la ocasión.
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MC-333: Es la carretera que une Albuñol con Órgiva (Granada), a cuatro kilómetros de Albuñol, tras una gran curva.