Una mirada particular sobre la naturaleza, sus espacios,
ecosistemas, historia, imágenes y sensaciones.
Lugares reales que intuyen universos paralelos, listos para ser descubiertos
Se resiste a dejar caer todas sus hojas para no perder el abrigo que
les proteja del invierno y a pesar de que hace semanas que tornaron del verde al ocre,
aguantarán hasta que la nueva primavera las empuje y sustituya. Son quejigos, símbolos de los
bosques mediterráneos, árboles que se aferran a las vaguadas y umbrías del interior andaluz como
testigos vivientes de los bosques mediterráneos ancestrales. Son humildes compañeros de
robles, arces y encinas, que dan nombre a quejigares y acerales, formaciones vegetales relictas,
obligadas por el tiempo y el avance del hombre a reducir sus poblaciones y aprovechar los
recursos que aún aporta el benigno clima de la media montaña bética.
Entre los barrancos del este y sur de Pradonegro, en plena sierra de Huétor, junto a las riberas
de la cabecera del río Fardes, junto al Molinillo, aún se mantienen algunos de los bosques
mixtos de especies de hoja plana, planifolios, que el avance de las repoblaciones forestales de
pinar y otras coníferas, no lograron exterminar. Quejigares considerados entre los más puros y
que mejor pueden recrear los ecosistemas perdidos tras el avance de la agricultura
intensiva y la conversión de laderas de sierras en terrazas listas para cultivar.
Pasear bajo ellos es caminar entre especies clave de matorral autóctono, observar las bellotas
doradas y rechonchas que alimentan a ardillas, jabalíes e incluso aves como los arrendajos, e
intentar encontrar hongos bajo el tapiz de hojas aserradas. Observar los cambios de estos
bosquetes es conocer la evolución del clima. Son bioindicadores climáticos, especies que reducen
o incrementan sus poblaciones en base a la incidencia de las condiciones meteorológicas.
Y en el centro de la Alfaguara, junto a los arroyos de Fuente Fría y la Cañada de la Cuna que
baja hacia el nacimiento del Darro, los quejigos, bordean ocultos prados y protegen los pequeños
cauces de arroyos que, en el subsuelo, alimentan sus raíces y les permiten mantener la vieja
estampa del bosque ibérico.
Un foto libro para mostrar imágenes
especiales, parajes que desvelan universos por descubrir. Fotografía de naturaleza, paisajes
comentados desde una mirada poética, periodística y científica. Espacios para la contemplación
de la naturaleza en invierno. Este libro describe espacios naturales a través de una
imagen especial. Una fotografía tomada desde un punto concreto, en una época determinada: el
final del año, y con circunstancias meteorológicas y de iluminación elegidas para la ocasión.
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Cañada de la Cuna: Uno de los parajes más indicados para observar quejigos y el ecosistema donde
crecen es el camino que antes de llegar al Sanatorio de la Alfaguara, después de dejar a un lado
el carril hacia Puerto Lobo, baja hacia el sureste y se interna entre pinos y jaras.
A pocos metros comienza el quejigar.