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ECLIPSE SOLAR 2026



ECLIPSE SOBRE LA ALHAMBRA, MAGIA Y CIENCIA (Cuando la luna oculta el sol)

CUANDO EL SOL SE APAGA:
EL ECLIPSE COMO LABORATORIO PARA LA CIENCIA Y LA VIDA
(reportaje)
UNA VENTANA ABIERTA HACIA LA CORONA SOLAR
UN EXPERIMENTO SOBRE LA ATMÓSFERA
CUANDO LOS ANIMALES CREEN QUE LLEGA LA NOCHE
INSECTOS BAJO LA SOMBRA DE LA LUNA
UN LABORATORIO QUE SOLO FUNCIONA DURANTE UNOS MINUTOS

Ir a EL ECLIPSE DE 1999. El último del siglo XX  (Archivo)


ECLIPSE SOBRE LA ALHAMBRA, MINUTOS DE MAGIA Y CIENCIA


JUAN ENRIQUE GÓMEZ * WASTE MAGAZINE
La luz de la corona solar logró teñir del color de la leyenda las murallas de la Alhambra y su entorno. La fortaleza palatina, llamada ‘La Roja’ por sus constructores en el siglo XIII, se dejaba oscurecer en el contraluz de un sol que pugnaba por no perder sus últimos rayos de luz ante el camino de una luna, pequeña y gris, que lograba arrebatarle su inmenso poder aunque solo fuese durante 120 segundos. El astro rey, ante la mirada de la ciudad de Granada, lograba conservar un último halo de luz y evitar el dominio absoluto de la oscuridad.

Las almas parecían ascender desde los muros de la antigua Rauda, tras el Patio de los Leones, donde reposaron los restos de los sultanes nazaríes. Las laderas del Albaicín y Sacromonte, que se alzan para contemplar la Alhambra, se tornaban doradas con el reflejo de ese pequeño halo de luminosidad sobre un tapiz vegetal de espartos secos de agosto. La ciudad, su entorno y sus gentes quedaban expuestos al poder del Universo. Dos minutos de un limbo que, de nuevo, es vencido, poco a poco, por el poder de la luz. El Universo mantiene sus reglas, el satélite terrestre sigue su inexorable órbita y el sol, quieto y permanente, vuelve a alimentar la Tierra.

En el cerro del Sol, junto al mirador de la fortaleza, la Silla del Moro, la ladera que domina las murallas y la ciudad, decenas de personas seguían expectantes, el camino de la luna gris, desde que fue solo un pequeño corte en la superficie solar, hasta fundir en su oscuridad el centro del poderoso sol.

Silencio tímido en el momento cumbre, recogimiento, temor, fascinación y magia
.


Eclipse, reflejo en la Alhambra
El eclipse se refleja en los halos de luz que inciden sobre la cámara tras las torres de la Alhambra



REPORTAJE

CUANDO EL SOL SE APAGA: EL ECLIPSE COMO LABORATORIO PARA LA CIENCIA Y LA VIDA

El eclipse solar del 12 de agosto convirtió España en un gigantesco laboratorio natural. Más allá del espectáculo astronómico, la desaparición de la luz permite estudiar la corona solar, la atmósfera terrestre y las sorprendentes respuestas de animales e insectos ante una noche que llega en cuestión de minutos.

Durante unas horas, la tarde del 12 de agosto de 2026 alteró uno de los ciclos más constantes de la naturaleza. La Luna se interpuso entre la Tierra y el Sol y su sombra recorrió una franja del planeta que encontró en España uno de sus principales escenarios. En una amplia banda que atravesó el país de oeste a este el eclipse llegó a ser total, mientras que en el sur peninsular la ocultación del disco solar alcanzó valores cercanos al 97 %. El día pareció encaminarse precipitadamente hacia una noche que no le correspondía.

Eclipse, Silla del Moro

Pero un eclipse total de Sol es mucho más que uno de los grandes espectáculos que ofrece la mecánica celeste. Para la ciencia constituye un experimento natural de enormes dimensiones, perfectamente predecible y prácticamente imposible de reproducir de forma artificial sobre un territorio de cientos o miles de kilómetros.

La circunstancia de que la sombra lunar haya atravesado un país densamente poblado, dotado de universidades, observatorios, estaciones meteorológicas, centros de investigación y redes de seguimiento ambiental proporciona además unas posibilidades excepcionales. Los eclipses que recorren océanos, regiones polares o territorios difícilmente accesibles pueden ser astronómicamente idénticos, pero las posibilidades de desplegar instrumentos y equipos científicos son mucho menores. España ha permitido observar el fenómeno simultáneamente desde numerosos puntos y con tecnologías muy diferentes.

UNA VENTANA ABIERTA HACIA LA CORONA SOLAR

La aplicación científica más conocida de los eclipses totales se encuentra en el propio Sol. Cuando la Luna oculta completamente su superficie visible —la fotosfera— aparece alrededor del disco negro una estructura extraordinariamente tenue y extensa: la corona solar.

En condiciones normales, el brillo de la fotosfera impide observar desde la superficie terrestre las regiones más próximas de esa corona con la misma facilidad. Los astrónomos disponen actualmente de coronógrafos terrestres y espaciales capaces de crear eclipses artificiales bloqueando el disco solar, e incluso la Agencia Espacial Europea utiliza la misión Proba-3, formada por dos satélites que vuelan coordinadamente para generar eclipses artificiales en el espacio. Sin embargo, los eclipses naturales continúan proporcionando oportunidades científicas singulares para estudiar determinadas zonas de la corona.

Comprenderla es importante por una cuestión que va mucho más allá de la astronomía. En ella se originan fenómenos relacionados con el viento solar y las eyecciones de masa coronal, capaces de enviar enormes cantidades de partículas cargadas hacia el espacio. Cuando alcanzan la Tierra pueden producir auroras, pero también afectar a satélites, comunicaciones, sistemas de navegación e infraestructuras eléctricas.

Los eclipses permiten además comparar observaciones realizadas desde tierra con las obtenidas mediante satélites e instrumentos espaciales y mejorar los modelos que describen el comportamiento de nuestra estrella.

UN EXPERIMENTO SOBRE LA ATMÓSFERA

El eclipse ofrece otro experimento fascinante: retirar bruscamente una de las principales fuentes de energía de una región de la superficie terrestre.

La radiación solar disminuye en pocos minutos, baja la temperatura y pueden modificarse el viento, la humedad y otros parámetros atmosféricos. El fenómeno permite estudiar cómo responde la atmósfera ante una reducción extremadamente rápida de la energía que recibe.

Los eclipses se han utilizado históricamente para investigar desde pequeñas modificaciones de la circulación atmosférica hasta perturbaciones en las capas superiores de la atmósfera. Existe incluso el denominado “viento del eclipse”, asociado a los cambios térmicos y dinámicos generados por el desplazamiento de la sombra lunar. También se han investigado variaciones de presión, ondas atmosféricas y modificaciones de la ionosfera, una región especialmente importante para las telecomunicaciones.

Precisamente ahí reside una de las grandes ventajas científicas del fenómeno: conocemos con enorme precisión cuándo empezará, cómo evolucionará y cuándo terminará. Los investigadores pueden instalar previamente sus instrumentos y comparar los datos registrados antes, durante y después del eclipse.

En España se añade una particularidad. La totalidad se produjo con el Sol muy próximo al horizonte, porque la Península se encontraba al final del recorrido de la sombra. Esa situación ofreció posibilidades observacionales específicas, aunque también constituyó una desventaja: la baja altura solar obliga a observar a través de una mayor cantidad de atmósfera y cualquier nube, bruma o accidente del horizonte puede arruinar una observación preparada durante meses.

La ciencia de los eclipses tiene inevitablemente esa fragilidad. El acontecimiento no puede retrasarse media hora porque aparezcan nubes. Hay que estar exactamente en el lugar adecuado y en el instante preciso.

CUANDO LOS ANIMALES CREEN QUE LLEGA LA NOCHE

Hay otro campo científico en el que los eclipses se han convertido en experimentos extraordinarios: la ecología del comportamiento.

La alternancia entre luz y oscuridad constituye una de las señales ambientales fundamentales para los seres vivos. Regula los ritmos circadianos y condiciona actividades tan diversas como alimentarse, cantar, volar, cazar, refugiarse, reproducirse o dormir.

Un eclipse introduce una anomalía radical: en cuestión de minutos reduce la luz en un momento en el que biológicamente no debería ocurrir.

Los estudios realizados durante eclipses anteriores han constatado respuestas sorprendentes. En una investigación desarrollada durante el eclipse total que atravesó Estados Unidos en 2017 se estudiaron 17 especies de vertebrados. Aproximadamente tres cuartas partes mostraron algún cambio de comportamiento, y muchas comenzaron a desarrollar conductas propias del atardecer o de la noche; en otras se detectaron comportamientos compatibles con situaciones de inquietud.

Las aves constituyen uno de los mejores indicadores. Investigaciones recientes han demostrado que numerosas especies modifican rápidamente su actividad cuando desaparece la luz y algunas llegan a interpretar el final del eclipse como un nuevo amanecer. Un amplio estudio basado en registros acústicos comprobó que más de la mitad de las especies analizadas alteraron sus ritmos y muchas iniciaron una especie de segundo coro del amanecer cuando regresó la luz.

No existe, sin embargo, una respuesta universal. Depende de la especie, de su ecología y de si su actividad habitual es diurna, nocturna o crepuscular.

INSECTOS BAJO LA SOMBRA DE LA LUNA

El eclipse español ha ofrecido una oportunidad particularmente interesante para profundizar en estas cuestiones. Un equipo científico internacional, con participación de investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), puso en marcha un proyecto específico para estudiar la reacción de los insectos ante la oscuridad repentina.

La hipótesis es especialmente sugerente: mientras numerosas aves reducen su actividad y su canto al disminuir la luz, determinadas especies de insectos nocturnos o crepusculares pueden reaccionar en sentido contrario y comenzar anticipadamente su actividad, engañadas por una señal ambiental semejante a la llegada de la noche.

Las primeras observaciones realizadas durante el eclipse en instalaciones zoológicas españolas muestran igualmente respuestas muy diversas. Se han documentado animales que buscaron refugio, especies que iniciaron comportamientos asociados al descanso e incluso conductas reproductivas, mientras otras aparentemente ignoraron el fenómeno.

La importancia de estos trabajos trasciende la simple curiosidad por saber qué hace un animal cuando desaparece el Sol. Permiten analizar hasta qué punto la luz controla los ritmos biológicos y cómo responden los organismos ante alteraciones ambientales extremadamente rápidas.

UN LABORATORIO QUE SOLO FUNCIONA DURANTE UNOS MINUTOS

Paradójicamente, la principal virtud científica de un eclipse es también su mayor inconveniente. Es un experimento excepcional, pero extremadamente breve y difícil de repetir. En un laboratorio pueden modificarse las condiciones y realizar decenas de ensayos. La sombra de la Luna, en cambio, pasa una sola vez.

Por eso resultan especialmente valiosas las redes de instrumentos y la participación coordinada de científicos y ciudadanos. Muchos observadores distribuidos geográficamente pueden convertir unos pocos minutos de eclipse en una secuencia mucho más extensa de datos, siguiendo el desplazamiento de la sombra a través del territorio.

España tiene además por delante una circunstancia excepcional. El eclipse del 12 de agosto de 2026 inicia el denominado Trío Ibérico de Eclipses: otro eclipse total cruzará parte de la Península el 2 de agosto de 2027 y el 26 de enero de 2028 se producirá un eclipse anular. Tres oportunidades en apenas año y medio para desarrollar proyectos científicos continuados, mejorar metodologías y comparar resultados.

Durante unos minutos, el 12 de agosto, la Luna hizo algo aparentemente sencillo: interponerse entre nosotros y nuestra estrella. Pero al apagar temporalmente el Sol puso en marcha simultáneamente multitud de experimentos. Cambió la temperatura del aire, modificó la iluminación del paisaje, alteró ritmos biológicos y permitió contemplar regiones de nuestra estrella habitualmente escondidas por su propio resplandor.

Y quizá esa sea una de las grandes paradojas científicas de los eclipses: para comprender mejor todo lo que el Sol provoca en nuestro planeta, a veces es necesario que durante unos instantes deje de iluminarlo.


Eclipse, sombras

La sombra de los autores en la luz del eclipse




ARCHIVO DOCUMENTAL, WASTE MAGAZINE 



El último eclipse de sol del siglo XX

Fue el más observado de la historia por afectar a zonas muy pobladas
Fue el 11 de agosto de 1999

WASTE MAGAZINE
El último eclipse total de Sol del siglo XX afectó a zonas densamente pobladas del planeta, por lo que pudo ser uno de los más observados de la historia. La franja de totalidad cruzó Europa por su parte central (sur de Inglaterra, norte de Francia, sur de Alemania, Austria, Hungría, sur de Rumanía) y la parte suroccidental de Asia (Turquía, Irán, Pakistán y la India). El eclipse se apreció como parcial desde la totalidad del continente europeo, el tercio septentrional de África y la mitad occidental de Asia.

Eclipse 1999


El hecho de producirse en época vacacional permitió a muchos aficionados viajar a alguno de aquellos países cercanos y así disfrutar de uno de los fenómenos más espectaculares que podía brindarnos la naturaleza. Todo ello contando como aliado con el tiempo atmosférico, que normalmente en esas fechas mantenía cubiertos los cielos de Centroeuropa en un 50 % de los casos. La probabilidad de encontrar cielos despejados aumentaba sensiblemente en la zona oriental del continente y era mucho mayor en Turquía e Irán. No se trató de un eclipse total especialmente duradero, pues en ningún caso se prolongó más de 2 minutos y 23 segundos (algunos eclipses totales de Sol pueden prolongarse más de siete minutos).

Si no fue posible viajar a las zonas agraciadas con la totalidad, hubo que contentarse con asistir a un eclipse parcial. Dentro de Europa, los países escandinavos y Rusia al norte, y la Península Ibérica al sur fueron las zonas menos favorecidas. Pese a ello, el porcentaje del disco solar que resultó cubierto por la Luna fue elevado, oscilando entre el 78 % a orillas del Cantábrico y el 50 % del Estrecho de Gibraltar. Desde Madrid se llegó a apreciar un 66 % del Sol cubierto. En aquella ocasión las Canarias fueron menos afortunadas, con solo la cuarta parte del Sol oscurecido.

En aquel archipiélago el eclipse comenzó antes que en el resto de España, por encontrarse más al oeste, hacia las 8:40 T.U., iniciándose a las 8:45 en el extremo occidental de la Península. Entre las 8:50 y 8:55 comenzó en las regiones de la franja central, y hacia las 9:00 en Cataluña e Islas Baleares. El máximo del eclipse aconteció hacia las 9:40 en Canarias, las 10:00 en el oeste peninsular, las 10:10 en el centro y las 10:20 al este. Por encontrarnos al sur de las regiones en las que se produjo el eclipse total, el aspecto que presentó el Sol fue similar a una Luna creciente con los «cuernos» apuntando hacia arriba. El eclipse concluyó hacia las 10:45 en Canarias, y entre las 11:20 y las 11:50 en el resto de España (todas las horas están expresadas en T.U.).

La observación de un eclipse de Sol entrañaba serios riesgos para la vista, que obligaban a tomar precauciones. Nunca se debía observar el Sol, hubiese o no eclipse, si no era a través de filtros especiales (como, por ejemplo, un vidrio de soldador del 14), pues incluso cuando la Luna había ocultado casi por completo el disco solar, su luminosidad seguía siendo suficiente para producir graves lesiones oculares. Solo si se trataba de un eclipse total no era necesaria protección durante los breves minutos de totalidad.

Eclipse 1999

Una alternativa segura, si no se disponía del filtro adecuado, consistía en proyectar la imagen del Sol sobre una pantalla o cartulina blanca. Para ello se necesitaba una caja de cartón de al menos medio metro de longitud, abierta por un extremo. En el extremo opuesto (que se dirigía al Sol) se practicaba un pequeño agujero de 1 mm de diámetro. Sobre la pantalla blanca, situada fuera de la caja, cerca de su extremo abierto, se podía ver la imagen del Sol, pequeña pero suficiente para apreciar el eclipse.

EL ECLIPSE EN ANDALUCÍA

Los astrofísicos del Parque de las Ciencias establecieron los horarios en los que pudo contemplarse el eclipse en la totalidad de las provincias andaluzas. Los horarios de este apartado están expresados en hora oficial peninsular, mientras que los anteriores se indican en Tiempo Universal (T.U.).

Almería:
Se inició a las 10:54 horas y su máximo llegó a las 12:11 horas.
Cádiz:
Se inició a las 10:49 horas y su máximo llegó a las 12:03 horas.
Córdoba:
Se inició a las 10:51 horas y su máximo llegó a las 12:06 horas.
Granada:
Se inició a las 10:53 horas y su máximo llegó a las 12:09 horas.
Huelva:
Se inició a las 10:48 horas y su máximo llegó a las 12:02 horas.
Jaén:
Se inició a las 10:52 horas y su máximo llegó a las 12:08 horas.
Málaga:
Se inició a las 10:52 horas y su máximo llegó a las 12:07 horas.
Sevilla:
Se inició a las 10:49 horas y su máximo llegó a las 12:04 horas.








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