ECLIPSE SOLAR 2026
ECLIPSE SOBRE
LA ALHAMBRA, MINUTOS DE MAGIA Y CIENCIA
JUAN ENRIQUE GÓMEZ * WASTE MAGAZINE
La luz de la corona solar logró teñir del color de la leyenda
las murallas de la Alhambra y su entorno. La fortaleza palatina,
llamada ‘La Roja’ por sus constructores en el siglo XIII, se
dejaba oscurecer en el contraluz de un sol que pugnaba por no
perder sus últimos rayos de luz ante el camino de una luna,
pequeña y gris, que lograba arrebatarle su inmenso poder aunque
solo fuese durante 120 segundos. El astro rey, ante la mirada de
la ciudad de Granada, lograba conservar un último halo de luz y
evitar el dominio absoluto de la oscuridad.
Las almas parecían ascender desde los muros de la antigua Rauda,
tras el Patio de los Leones, donde reposaron los restos de los
sultanes nazaríes. Las laderas del Albaicín y Sacromonte, que se
alzan para contemplar la Alhambra, se tornaban doradas con el
reflejo de ese pequeño halo de luminosidad sobre un tapiz
vegetal de espartos secos de agosto. La ciudad, su entorno y sus
gentes quedaban expuestos al poder del Universo. Dos minutos de
un limbo que, de nuevo, es vencido, poco a poco, por el poder de
la luz. El Universo mantiene sus reglas, el satélite terrestre
sigue su inexorable órbita y el sol, quieto y permanente, vuelve
a alimentar la Tierra.
En el cerro del Sol, junto al mirador de la fortaleza, la Silla
del Moro, la ladera que domina las murallas y la ciudad, decenas
de personas seguían expectantes, el camino de la luna gris,
desde que fue solo un pequeño corte en la superficie solar,
hasta fundir en su oscuridad el centro del poderoso sol.
Silencio tímido en el momento cumbre, recogimiento, temor,
fascinación y magia.
El eclipse se refleja en los halos de luz que inciden sobre
la cámara tras las torres de la Alhambra
REPORTAJE
CUANDO EL SOL SE APAGA: EL ECLIPSE COMO LABORATORIO PARA LA
CIENCIA Y LA VIDA
El eclipse solar del 12 de agosto convirtió España en un
gigantesco laboratorio natural. Más allá del espectáculo
astronómico, la desaparición de la luz permite estudiar la
corona solar, la atmósfera terrestre y las sorprendentes
respuestas de animales e insectos ante una noche que llega en
cuestión de minutos.
Durante unas horas, la tarde del 12 de agosto de 2026 alteró uno
de los ciclos más constantes de la naturaleza. La Luna se
interpuso entre la Tierra y el Sol y su sombra recorrió una franja
del planeta que encontró en España uno de sus principales
escenarios. En una amplia banda que atravesó el país de oeste a
este el eclipse llegó a ser
total, mientras que
en el sur peninsular la ocultación del disco solar alcanzó valores
cercanos al 97 %. El día pareció encaminarse precipitadamente
hacia una noche que no le correspondía.
Pero un eclipse total de Sol es mucho más que uno de los grandes
espectáculos que ofrece la mecánica celeste. Para la ciencia
constituye un
experimento natural de enormes dimensiones,
perfectamente predecible y prácticamente imposible de reproducir
de forma artificial sobre un territorio de cientos o miles de
kilómetros.
La circunstancia de que la sombra lunar haya atravesado un país
densamente poblado, dotado de universidades, observatorios,
estaciones meteorológicas, centros de investigación y redes de
seguimiento ambiental proporciona además unas posibilidades
excepcionales. Los eclipses que recorren océanos, regiones polares
o territorios difícilmente accesibles pueden ser astronómicamente
idénticos, pero las posibilidades de desplegar instrumentos y
equipos científicos son mucho menores. España ha permitido
observar el fenómeno simultáneamente desde numerosos puntos y con
tecnologías muy diferentes.
UNA VENTANA ABIERTA HACIA LA CORONA
SOLAR
La aplicación científica más conocida de los eclipses totales se
encuentra en el propio Sol. Cuando la Luna oculta completamente su
superficie visible —la fotosfera— aparece alrededor del disco
negro una estructura extraordinariamente tenue y extensa:
la
corona solar.
En condiciones normales, el brillo de la fotosfera impide observar
desde la superficie terrestre las regiones más próximas de esa
corona con la misma facilidad. Los astrónomos disponen actualmente
de coronógrafos terrestres y espaciales capaces de crear eclipses
artificiales bloqueando el disco solar, e incluso la Agencia
Espacial Europea utiliza la misión Proba-3, formada por dos
satélites que vuelan coordinadamente para generar eclipses
artificiales en el espacio. Sin embargo, los eclipses naturales
continúan proporcionando oportunidades científicas singulares para
estudiar determinadas zonas de la corona.
Comprenderla es importante por una cuestión que va mucho más allá
de la astronomía. En ella se originan fenómenos relacionados con
el
viento solar y las eyecciones de masa coronal,
capaces de enviar enormes cantidades de partículas cargadas hacia
el espacio. Cuando alcanzan la Tierra pueden producir auroras,
pero también afectar a satélites, comunicaciones, sistemas de
navegación e infraestructuras eléctricas.
Los eclipses permiten además comparar observaciones realizadas
desde tierra con las obtenidas mediante satélites e instrumentos
espaciales y mejorar los modelos que describen el comportamiento
de nuestra estrella.
UN EXPERIMENTO SOBRE LA ATMÓSFERA
El eclipse ofrece otro experimento fascinante: retirar bruscamente
una de las principales fuentes de energía de una región de la
superficie terrestre.
La radiación solar disminuye en pocos minutos, baja la temperatura
y pueden modificarse el viento, la humedad y otros parámetros
atmosféricos. El fenómeno permite estudiar cómo responde la
atmósfera ante una reducción extremadamente rápida de la energía
que recibe.
Los eclipses se han utilizado históricamente para investigar desde
pequeñas modificaciones de la circulación atmosférica hasta
perturbaciones en las capas superiores de la atmósfera. Existe
incluso el denominado
“viento del eclipse”,
asociado a los cambios térmicos y dinámicos generados por el
desplazamiento de la sombra lunar. También se han investigado
variaciones de presión, ondas atmosféricas y modificaciones de la
ionosfera, una región especialmente importante para las
telecomunicaciones.
Precisamente ahí reside una de las grandes ventajas científicas
del fenómeno: conocemos con enorme precisión
cuándo
empezará, cómo evolucionará y cuándo terminará. Los
investigadores pueden instalar previamente sus instrumentos y
comparar los datos registrados antes, durante y después del
eclipse.
En España se añade una particularidad. La totalidad se produjo con
el Sol muy próximo al horizonte, porque la Península se encontraba
al final del recorrido de la sombra. Esa situación ofreció
posibilidades observacionales específicas, aunque también
constituyó una desventaja: la baja altura solar obliga a observar
a través de una mayor cantidad de atmósfera y cualquier nube,
bruma o accidente del horizonte puede arruinar una observación
preparada durante meses.
La ciencia de los eclipses tiene inevitablemente esa fragilidad.
El acontecimiento no puede retrasarse media hora porque aparezcan
nubes. Hay que estar exactamente en el lugar adecuado y en el
instante preciso.
CUANDO LOS ANIMALES CREEN QUE LLEGA LA
NOCHE
Hay otro campo científico en el que los eclipses se han convertido
en experimentos extraordinarios:
la ecología del
comportamiento.
La alternancia entre luz y oscuridad constituye una de las señales
ambientales fundamentales para los seres vivos. Regula los ritmos
circadianos y condiciona actividades tan diversas como
alimentarse, cantar, volar, cazar, refugiarse, reproducirse o
dormir.
Un eclipse introduce una anomalía radical: en cuestión de minutos
reduce la luz en un momento en el que biológicamente no debería
ocurrir.
Los estudios realizados durante eclipses anteriores han constatado
respuestas sorprendentes. En una investigación desarrollada
durante el eclipse total que atravesó Estados Unidos en 2017 se
estudiaron 17 especies de vertebrados. Aproximadamente
tres
cuartas partes mostraron algún cambio de comportamiento,
y muchas comenzaron a desarrollar conductas propias del atardecer
o de la noche; en otras se detectaron comportamientos compatibles
con situaciones de inquietud.
Las aves constituyen uno de los mejores indicadores.
Investigaciones recientes han demostrado que numerosas especies
modifican rápidamente su actividad cuando desaparece la luz y
algunas llegan a interpretar el final del eclipse como un nuevo
amanecer. Un amplio estudio basado en registros acústicos comprobó
que más de la mitad de las especies analizadas alteraron sus
ritmos y muchas iniciaron una especie de
segundo coro del
amanecer cuando regresó la luz.
No existe, sin embargo, una respuesta universal. Depende de la
especie, de su ecología y de si su actividad habitual es diurna,
nocturna o crepuscular.
INSECTOS BAJO LA SOMBRA DE LA LUNA
El eclipse español ha ofrecido una oportunidad particularmente
interesante para profundizar en estas cuestiones. Un equipo
científico internacional, con participación de investigadores de
la
Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), puso
en marcha un proyecto específico para estudiar la reacción de los
insectos ante la oscuridad repentina.
La hipótesis es especialmente sugerente: mientras numerosas aves
reducen su actividad y su canto al disminuir la luz, determinadas
especies de insectos nocturnos o crepusculares pueden reaccionar
en sentido contrario y
comenzar anticipadamente su
actividad, engañadas por una señal ambiental semejante
a la llegada de la noche.
Las primeras observaciones realizadas durante el eclipse en
instalaciones zoológicas españolas muestran igualmente respuestas
muy diversas. Se han documentado animales que buscaron refugio,
especies que iniciaron comportamientos asociados al descanso e
incluso conductas reproductivas, mientras otras aparentemente
ignoraron el fenómeno.
La importancia de estos trabajos trasciende la simple curiosidad
por saber qué hace un animal cuando desaparece el Sol. Permiten
analizar
hasta qué punto la luz controla los ritmos
biológicos y cómo responden los organismos ante
alteraciones ambientales extremadamente rápidas.
UN LABORATORIO QUE SOLO FUNCIONA
DURANTE UNOS MINUTOS
Paradójicamente, la principal virtud científica de un eclipse es
también su mayor inconveniente. Es un experimento excepcional,
pero extremadamente breve y difícil de repetir. En un laboratorio
pueden modificarse las condiciones y realizar decenas de ensayos.
La sombra de la Luna, en cambio, pasa una sola vez.
Por eso resultan especialmente valiosas las redes de instrumentos
y la participación coordinada de científicos y ciudadanos. Muchos
observadores distribuidos geográficamente pueden convertir unos
pocos minutos de eclipse en una secuencia mucho más extensa de
datos, siguiendo el desplazamiento de la sombra a través del
territorio.
España tiene además por delante una circunstancia excepcional. El
eclipse del 12 de agosto de 2026 inicia el denominado
Trío
Ibérico de Eclipses: otro eclipse total cruzará parte
de la Península el 2 de agosto de 2027 y el 26 de enero de 2028 se
producirá un eclipse anular. Tres oportunidades en apenas año y
medio para desarrollar proyectos científicos continuados, mejorar
metodologías y comparar resultados.
Durante unos minutos, el 12 de agosto, la Luna hizo algo
aparentemente sencillo: interponerse entre nosotros y nuestra
estrella. Pero al apagar temporalmente el Sol puso en marcha
simultáneamente multitud de experimentos. Cambió la temperatura
del aire, modificó la iluminación del paisaje, alteró ritmos
biológicos y permitió contemplar regiones de nuestra estrella
habitualmente escondidas por su propio resplandor.
Y quizá esa sea una de las grandes paradojas científicas de los
eclipses:
para comprender mejor todo lo que el Sol
provoca en nuestro planeta, a veces es necesario que durante
unos instantes deje de iluminarlo.
La sombra de los autores en la luz del eclipse
ARCHIVO DOCUMENTAL, WASTE MAGAZINE
El último eclipse de sol del siglo XX
Fue el más observado de la historia por afectar a zonas
muy pobladas
Fue el 11 de agosto de 1999
WASTE MAGAZINE
El último eclipse total de Sol del siglo XX afectó a zonas
densamente pobladas del planeta, por lo que pudo ser uno de los
más observados de la historia. La franja de totalidad cruzó Europa
por su parte central (sur de Inglaterra, norte de Francia, sur de
Alemania, Austria, Hungría, sur de Rumanía) y la parte
suroccidental de Asia (Turquía, Irán, Pakistán y la India). El
eclipse se apreció como parcial desde la totalidad del continente
europeo, el tercio septentrional de África y la mitad occidental
de Asia.
El hecho de producirse en época vacacional permitió a muchos
aficionados viajar a alguno de aquellos países cercanos y así
disfrutar de uno de los fenómenos más espectaculares que podía
brindarnos la naturaleza. Todo ello contando como aliado con el
tiempo atmosférico, que normalmente en esas fechas mantenía
cubiertos los cielos de Centroeuropa en un 50 % de los casos. La
probabilidad de encontrar cielos despejados aumentaba
sensiblemente en la zona oriental del continente y era mucho mayor
en Turquía e Irán. No se trató de un eclipse total especialmente
duradero, pues en ningún caso se prolongó más de 2 minutos y 23
segundos (algunos eclipses totales de Sol pueden prolongarse más
de siete minutos).
Si no fue posible viajar a las zonas agraciadas con la totalidad,
hubo que contentarse con asistir a un eclipse parcial. Dentro de
Europa, los países escandinavos y Rusia al norte, y la Península
Ibérica al sur fueron las zonas menos favorecidas. Pese a ello, el
porcentaje del disco solar que resultó cubierto por la Luna fue
elevado, oscilando entre el 78 % a orillas del Cantábrico y el 50
% del Estrecho de Gibraltar. Desde Madrid se llegó a apreciar un
66 % del Sol cubierto. En aquella ocasión las Canarias fueron
menos afortunadas, con solo la cuarta parte del Sol oscurecido.
En aquel archipiélago el eclipse comenzó antes que en el resto de
España, por encontrarse más al oeste, hacia las 8:40 T.U.,
iniciándose a las 8:45 en el extremo occidental de la Península.
Entre las 8:50 y 8:55 comenzó en las regiones de la franja
central, y hacia las 9:00 en Cataluña e Islas Baleares. El máximo
del eclipse aconteció hacia las 9:40 en Canarias, las 10:00 en el
oeste peninsular, las 10:10 en el centro y las 10:20 al este. Por
encontrarnos al sur de las regiones en las que se produjo el
eclipse total, el aspecto que presentó el Sol fue similar a una
Luna creciente con los «cuernos» apuntando hacia arriba. El
eclipse concluyó hacia las 10:45 en Canarias, y entre las 11:20 y
las 11:50 en el resto de España (todas las horas están expresadas
en T.U.).
La observación de un eclipse de Sol entrañaba serios riesgos para
la vista, que obligaban a tomar precauciones. Nunca se debía
observar el Sol, hubiese o no eclipse, si no era a través de
filtros especiales (como, por ejemplo, un vidrio de soldador del
14), pues incluso cuando la Luna había ocultado casi por completo
el disco solar, su luminosidad seguía siendo suficiente para
producir graves lesiones oculares. Solo si se trataba de un
eclipse total no era necesaria protección durante los breves
minutos de totalidad.
Una alternativa segura, si no se disponía del filtro adecuado,
consistía en proyectar la imagen del Sol sobre una pantalla o
cartulina blanca. Para ello se necesitaba una caja de cartón de al
menos medio metro de longitud, abierta por un extremo. En el
extremo opuesto (que se dirigía al Sol) se practicaba un pequeño
agujero de 1 mm de diámetro. Sobre la pantalla blanca, situada
fuera de la caja, cerca de su extremo abierto, se podía ver la
imagen del Sol, pequeña pero suficiente para apreciar el eclipse.
EL ECLIPSE EN ANDALUCÍA
Los astrofísicos del Parque de las Ciencias establecieron los
horarios en los que pudo contemplarse el eclipse en la totalidad
de las provincias andaluzas. Los horarios de este apartado están
expresados en hora oficial peninsular, mientras que los anteriores
se indican en Tiempo Universal (T.U.).
Almería:
Se inició a las 10:54 horas y su máximo llegó a las 12:11 horas.
Cádiz:
Se inició a las 10:49 horas y su máximo llegó a las 12:03 horas.
Córdoba:
Se inició a las 10:51 horas y su máximo llegó a las 12:06 horas.
Granada:
Se inició a las 10:53 horas y su máximo llegó a las 12:09 horas.
Huelva:
Se inició a las 10:48 horas y su máximo llegó a las 12:02 horas.
Jaén:
Se inició a las 10:52 horas y su máximo llegó a las 12:08 horas.
Málaga:
Se inició a las 10:52 horas y su máximo llegó a las 12:07 horas.
Sevilla:
Se inició a las 10:49 horas y su máximo llegó a las 12:04 horas.
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